La costumbre de adjetivarlo todo es moneda corriente. No se angustie. Es probable que el narrador sienta la necesidad de mostrarle el mundo a través de sus propios ojos. Entonces la lectura se tranca, no avanza. El verbo mueve la narración hacia delante o hacia atrás. Incluso un relato puede moverse a los costados. El adjetivo, mal utilizado, termina por convertirse en la contemplación ególatra del autor. Le recomiendo el siguiente remedio casero contra la parálisis adjetival:
1) Subraye la oración o párrafo enfermo
2) Intenten decir lo mismo, pero con acciones.
3) Trate de no acumular adjetivos como en un rosario, a menos que sea un recurso para causar esa sensación de sobrecarga.
Un ejemplo práctico para terminar:
“Al mediodía hacía un calor insoportable, bochornoso. Tan agobiante era, que quedaba la ciudad desierta”
Probemos decirlo de otro modo…
“A las doce no quedaba un alma en pié. Hasta las moscas se habían retirado a dormir su siesta”
Espero haber respondido su pregunta.
Ana lr.
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